“No podría imaginarme escribir sin implicarme en la vida cotidiana”: Gabriela Jauregui
La escritora mexicana presentará su nueva novela ‘Zorra’, el próximo domingo 27 de septiembre, a las 12:00 horas, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Género y Feminismos.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
Desde hace varios años Gabriela Jauregui (Ciudad de México, 1979) decidió dejar la ciudad para vivir en una zona de campo. Su contacto con el ambiente rural ha acentuado su interés por explorar la relación entre las personas y la naturaleza. De esta práctica se han desprendido Feral y Zorra (Sexto Piso), su más reciente novela y en la que cuenta la historia de una pareja que deja la metrópoli para instalarse en una pequeña granja que en cuestión de tiempo pondrá a prueba su capacidad de supervivencia.
“Para mí es importante escribir desde donde están arraigados mis pies”, dice Jauregui, a propósito de una ficción que profundiza en lo inquietante que puede ser la animalidad cuando se manifiesta de forma salvaje descontrolada.
Zorra no es la primera ocasión en que te acercas a estos animales en tu literatura. ¿Qué relación tienes con ellos?
Es verdad, en mi libro de cuentos La memoria de las cosas, un relato narra la autobiografía de una zorra. A partir de entonces me clavé en escarbar la historia de estos animales. Descubrí que en casi todas las culturas hay cuentos populares, mitos, leyendas que involucran zorros con distintas connotaciones. En mi anterior novela Feral, al principio hay unas mujeres que no sabemos si son perras, coyotas o lobas, es decir, seguía con el tema de la animalidad femenina. Ese fue el proceso en el que se gestó Zorra.
Poco a poco la presencia de la naturaleza y la animalidad han ganado presencia en tu trabajo y en tu vida, de hecho, vives en un espacio rodeado de naturaleza.
Sí y eso es determinante. Para mí es importante escribir desde donde están arraigados mis pies. No es casualidad que la naturaleza se haga más presente en esta novela.
Pero este acercamiento a la naturaleza no es amable y en eso hay semejanza con la obra de autoras como Pilar Quintana o Mónica Ojeda.
Cada una de ellas debe tener su propia especificidad, pero no es casualidad que seamos mujeres quienes estamos hablando de lo salvaje, la naturaleza y la animalidad desde esta posición. Dentro del discurso misógino a las mujeres y a las personas racializadas, se les ubicaba como alguien a quien hay que domesticar o domar, cuyo deseo es salvaje, animal, etcétera. Por eso no es casualidad que seamos nosotras quienes revisitamos eso y le damos un giro de tuerca a la representación de la naturaleza como algo que se reúsa a ser domesticado y colonizado. A la par de esto vemos que el mundo está en llamas literal y metafóricamente. La urgencia y la angustia de una preocupación climática que nos aqueja también está presente en la literatura contemporánea.
¿De qué manera el género atraviesa nuestra relación con la naturaleza?
Lo han dicho muchas autoras y activistas. El cuerpo de las mujeres y el cuerpo territorio están tejidos donde se ejercen las violencias. Una vez más, no me parece casualidad que muchas de las personas defensoras más valientes del territorio, son mujeres y muchas también son asesinadas. Por supuesto que hay hombres también, pero sí creo que hay un vínculo muy claro poque muchas veces son las mujeres quienes cultivan la tierra, quienes cuidan a los niños y ven los efectos de la contaminación. Hay vínculos muy claros y ancestrales entre la mujer y la tierra.
¿Qué relación tienes, como escritora, con el concepto “compromiso social”?, ¿cómo te cuidas de que lo estético no pierda terreno frente a lo social?
Para mí ambos son muy importantes. Hay muchos trabajos valiosos que analizan estos temas desde el activismo o la política pública, pero no es lo mío. Como te decía, yo escribo donde camino y estoy en un cuerpo de mujer en México. Me duelen muchas cosas que suceden en nuestro alrededor. Tengo dos hijas y me preocupa su futuro y el de las generaciones posteriores. No podría imaginarme escribir sin implicarme en la vida cotidiana de todos nosotros. Hay personas desaparecidas, defensores del territorio asesinados y muchas cosas dolorosas, pero al mismo tiempo hay resistencias que triunfan en sus luchas. Ambas cosas son ciertas y ambas me inspiran. No podría escribir sin pensar y conmoverme por esto.
¿Es condición patriarcal o del capitalismo controlar aquello a lo que tememos y no podemos controlar?
Es una mezcla. Autoras como María Lugones, decía que es la matrix de opresiones, donde se juntan clases, raza y género. No solo es la condición del patriarcado o del capitalismo. No hay capitalismo sin patriarcado o sin colonialismo. Todo se va entretejiendo de manera muy clara. Si separamos demasiado nos quedamos cortos en el análisis, y si lo juntamos se vuelve más complejo o denso, no obstante, me parece importante verlo desde esta perspectiva.
Y desde un presente extraño porque parece que en América Latina el péndulo se está yendo a la derecha extrema…
Es preocupante que en lugares donde parecía imposible que quitaran derechos obtenidos por las mujeres o las personas migrantes, los estén echando para atrás. Lo vemos en Estados Unidos, Argentina o Ecuador. Por eso es urgente imaginar y contar otras historias. Así como los tecnobros basaron muchas de sus fantasías en ver películas o leer libros de ciencia ficción, también es urgente y necesario contar otras historias para que se gesten otros mundos. No queremos acabar todos en el fascismo global.
¿Dentro de este mapa de América, cómo ves a México?
Pondría muchos asteriscos y notas al gobierno mexicano. Hay problemas de activistas, militarización y desapariciones, pero tampoco nos veo tan en el hoyo en comparación de otros países. Imposible poner a la presidente en el mismo saco que a Milei o Trump. Me gustaría que la presidenta fuera más de izquierda y que tuviera más claridad frente al fracking o la militarización, pero todavía tenemos derechos importantes garantizados.















