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Carlo Ginzburg y la visión de la Microhistoria

El académico Alberto Hernández Sánchez hace un recorrido por la vida y el legado del historiador italiano recientemente fallecido.

  • Redacción AN / HG
21 Jun, 2026 05:24
Carlo Ginzburg y la visión de la Microhistoria

Por: Alberto Hernández Sánchez

El mundo de la Historia se ha cubierto de luto con la muerte del afamado historiador italiano Carlo Ginzburg, fallecido el pasado 17 de junio y que deja un gran legado al ser uno de los pilares de una de las corrientes historiográficas de mayor influencia en el Siglo XX: la Microhistoria.

Carlo Ginzburg nació en Turín en 1939, en el seno de una familia de intelectuales de izquierda y opositores al fascismo italiano. Su padre fue Leone Ginzburg, filólogo y profesor de literatura eslava y rusa; murió en la cárcel tras ser torturado por los nazis por sus ideas y su origen judío. Su madre, Natalia Ginzburg, fue una afamada escritora ya en la posguerra que también desarrolló una carrera política. Ambos fueron colaboradores de la famosa editorial Einaudi, la cual fue fundada por el propio Leone junto con Giulio Einaudi; esta editorial sería fundamental en la vida de Carlo, pues ahí es donde publicaría sus obras.

Tras la pérdida de su padre, y luego de varios periplos durante la Segunda Guerra Mundial, la familia Ginzburg se reestableció en Turín al final de misma. Carlo estudió en la Scuola Normale Superiore de Pisa entre los años 1957 y 1962, para luego doctorarse en Filosofía y Letras por la Universidad de Pisa.

Tuvo una intensa carrera como docente que duró más de 60 años; entre las universidades en donde impartió cursos y cátedras encontramos las de Roma, Lecce, Bolonia, y partir de 1988, y durante 18 años consecutivos, fue profesor investigador de UCLA en Estados Unidos; también se fue profesor invitado en las universidades de Harvard, Yale y Princeton en EUA, el Warburg Institute de Londres y la École Pratique des Hautes Études de París. Al jubilarse de UCLA, regresó a la Scuola Normale Superiore como profesor emérito.

Durante su estancia en la Universidad de Bolonia coincidió con grandes colegas, como Giovanni Levi, con quienes trabajó y sentó las bases metodológicas de la Microhistoria,

¿Qué es la Microhistoria?

La Microhistoria es una corriente historiográfica que tiene su origen en Italia, y que es parte de la Historia Social que surgió en el segunda mitad del siglo XX. Está influenciada por los trabajos de los historiadores ingleses como Edward Palmer Thompson o Eric Hobsbawm, quienes pusieron énfasis en estudiar a la gente ordinaria, así cómo por los historiadores franceses Lucien Febvre y Marc Bloch de la denominada Escuela de Annales, que dio origen a la Historia de las Mentalidades y se considera un parte fundamental de la Historia Cultural.

La metodología de la Microhistoria radica en proponer objetos de estudio deliberadamente reducidos: una persona, una familia, una comunidad, un proceso judicial, una aldea, un conflicto local o incluso un acontecimiento muy específico. Lo que se busca con esto es comprender procesos históricos de mayor escala. Es decir, no se busca hacer una “historia pequeña”, sino que a partir de un caso excepcional o representativo se permita poner a prueba explicaciones generales sobre la sociedad.

En esta búsqueda microscópica de las vidas de personas comunes, se buscaba una crítica hacia los modelos explicativos rígidos, como el materialismo histórico ortodoxo y la historia social cuantitativa, pues éstos no explican por completo la experiencia humana ni las dinámicas sociales. Adoptó los métodos de las ciencias sociales, particularmente los de la “descripción densa” desarrollados por Clifford Geertz. Pero la mayor aportación de la microshistoria fue la de trasladar el interés historiográfico de las élites (reyes, héroes, grandes políticos) hacia los individuos comunes: campesinos, artesanos, mujeres, herejes o minorías, buscando comprender cómo estos sujetos interpretaban su propio mundo y se apropiaban de los discursos de poder. Usando esta metodología fue como Carlo Ginzburg habría de escribir su obra su obra cumbre.

Entre Dios, quesos, gusanos y la Santa Inquisición.

En 1976 salió a la luz el libro titulado El queso y los gusanos: el cosmos de un molinero del siglo XVI, en el cual Carlo Ginzburg nos habla sobre el proceso inquisitorial de un molinero del S. XVI llamado Domenico Scandella, apodado como Menocchio, y que fue condenado a la hoguera por herejía.

Ginzburg buscaba estudiar los procesos inquisitoriales relacionados con la brujería y ciertas creencias campesinas, y fue así que escribió un primer libro, Los benandanti (1966). En esa investigación apareció el nombre de un tal Menocchio, el cual le llamó la atención, pues en sus respuestas al Santo Oficio solía dar largas respuestas sobre su visión de Dios, la creación del Universo y de la Iglesia.

Menocchio sostenía muchas ideas que en el fondo eran considerados como heréticas por el Santo Oficio: sostenía que el universo surgió del caos primordial, de manera muy parecida a cómo se forma el queso a partir de la leche; pensaba que, al fermentar este queso primigenio, nacieron unos gusanos, que simbolizaban a los ángeles y a los seres humanos; creía que todas las religiones eran esencialmente equivalentes y que el Espíritu Santo estaba en todas partes. Y todo eso que pensaba Menocchio se debía a un hecho singular: él sabía leer.

Con esto, Ginzburg se dio cuenta que este personaje era muy peculiar y se preguntó “¿Cómo podía un molinero del siglo XVI elaborar ideas tan originales?”. Esto dio pie a una nueva investigación en donde un hombre común y corriente de su época, y muy distinto a los “grandes personajes de la Historia”, sirve para tratar de entender cómo se construye el pensamiento de una sociedad a través de una persona. Fue así como Menocchio se convirtió, no en el fin, sino en el pretexto para hacer una investigación que estudiara la interacción entre la cultura popular y la cultura escrita en la Europa del siglo XVI.

El queso y los gusanos se convirtió en la punta de lanza de nuevas obras que fueron consolidando a la Microhistoria como una corriente historiográfica solida. Entre los libros más representativos encontramos La herencia inmaterial, de Giovanni Levi, El pan salvaje de Piero Camporesi, El retorno de Martin Guerre de Natalie Zemon Davis y Montaillou, aldea occitana de Emmanuel Le Roy Ladurie. Es así como recordamos a un grande de la historiografía, cuya partida es sentida, pero cuyo trabajo se queda para que hagamos una reflexión de como, cualquier vida humana, vale la pena de ser contada.

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