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Herencias y rupturas. Aproximaciones a la vida y obra de Luis Villoro, a cien años de su nacimiento (Fragmento)

Compartimos un fragmento del nuevo libro de El Colegio Nacional, que se presentará el sábado 25 de abril, a las 13 h, en el Centro Cultural Universitario, durante la Fiesta del Libro y la Rosa.

  • Redacción AN / MDS
19 Apr, 2026 01:44
Herencias y rupturas. Aproximaciones a la vida y obra de Luis Villoro,  a cien años de su nacimiento (Fragmento)
Foto: El Colegio Nacional

Por Aurelia Valero Pie (Coordinadora) / El Colegio Nacional*

Como una herencia sin testamento caracterizó Hannah Arendt la experiencia de quienes, como René Char y sus contemporáneos, habían transitado hacia la segunda posguerra sin las claves de lectura necesarias para interpretar el mundo que entonces despuntaba. Sabían que entre sus manos se hallaba un tesoro, si bien éste carecía de un destinatario explícito, de instrucciones precisas y, sobre todo, de principios de inteligibilidad previamente asignados […].

Desde cierta perspectiva, algo semejante ocurre en relación con el pensamiento de Luis Villoro: poco importa si se reivindica como una herencia personal, puesto que ésta se ofrece, sin excepciones, desprovista de títulos de propiedad. Tampoco cambia nada si circulan interpretaciones “autorizadas”, privativas o excluyentes, cuando la pervivencia de un legado depende, en gran medida, de la posibilidad de hallar en él un sentido que responda a las preguntas del presente. Un significado abierto, inagotable y siempre actualizable, es, por lo tanto, una condición de la “clasicidad”, esto es, la de aquellas obras que, en opinión de Harold Bloom, escapan a la indiferencia y sirven para definirnos, ya sea por afinidad o por la vía del contraste (2019).

¿Es muy pronto para colocar la obra de Luis Villoro en el orden de “lo clásico”? Que él mismo figure como uno de los mayores filósofos en el mundo de habla hispana constituye hoy un objeto de relativo consenso. También parece serlo el lugar de referencia que ocupan varios de sus numerosos escritos […], todos los cuales, por cierto, se han reeditado en distintas ocasiones, algunas muy recientes. No menos sintomática es la serie de homenajes que se le han rendido a lo largo y ancho de nuestra geografía, desde Morelia hasta Chihuahua, pasando por Puebla y sin olvidar a la Ciudad de México.

Con motivo del centenario de su nacimiento, conmemorado en 2022, diversas instituciones organizaron sendos ciclos de conferencias, con el propósito de discutir diferentes aspectos de su pensamiento y ponderar su vigencia. De hecho, dos reuniones académicas, ambas celebradas en noviembre de ese año, se encuentran en el origen de este mismo volumen, la primera en El Colegio Nacional y la segunda en el Instituto de Investigaciones Filosóficas (IIFS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Hay buenos motivos para conjuntar esfuerzos y dar a la luz este libro colectivo. Allende al espíritu de colaboración, uno de ellos radica en el estrecho vínculo que Luis Villoro entabló con ambas instituciones, en las que recaló durante el segundo tramo de su vida y en cuyas salas y pasillos llegó a sentirse en casa. Tras una larga trayectoria laboral en diferentes universidades, en 1971 se incorporó a las filas del IIFS, donde pudo consagrarse de lleno a empresas de gran aliento, tanto en el plano político como en el intelectual. No resulta casual, en ese sentido, que a partir de esa fecha se hayan ido desgranando la mayor parte de sus principales obras, con el ritmo y la constancia de quien fuera un trabajador incansable, ni que en ese marco buscara concretar uno de sus grandes proyectos: el de prestar impulso a una forma de practicar la filosofía, aquella que se caracteriza por el rigor conceptual, analítico y argumentativo.

Así lo había sostenido por aquellos años, al afirmar que “la misión de las nuevas generaciones no ha de ser proponer una filosofía ‘original’, sino lograr un tratamiento riguroso en filosofía y acceder a un pleno profesionalismo”. Ello respondía, continuó líneas más adelante, a que “en filosofía, ser original no es encontrar nuevas ideas, sino llegar a las raíces de un problema, no consiste en inventar conceptos sino en clarificarlos. A la esterilidad de la filosofía, como invención personal, hay que oponer la filosofía como análisis conceptual y como crítica radical” (Zea et al., 1968: iii-iv).

A alcanzar esos objetivos se había encaminado la creación de la revista Crítica, fundada en 1967 al lado de Alejandro Rossi y Fernando Salmerón. Pese a la diferencia de edad, los tres se habían conocido durante sus respectivas etapas de formación en la Universidad Nacional, donde se colocaron bajo el magisterio de José Gaos, maestro admirado y de quien con el paso de los años establecieron una desigual distancia. Si bien ninguno dio continuidad a sus ideas, en cambio hicieron suya la tarea de promover el cultivo de una filosofía profesional, ajena a la retórica, a la especulación y al diletantismo, tal como anunciaron en el número inicial de la revista […].

Foto: El Colegio Nacional

Como compañeros en el IIFS, Villoro, Rossi y Salmerón imprimieron un giro en la manera de ejercer la filosofía y establecieron las pautas que hasta la fecha inspiran a esta institución, en la que el mayor del grupo, tras su etapa analítica, se volcó a atender los principales problemas políticos y sociales de nuestra realidad. Los tres amigos también dejaron una marca en El Colegio Nacional, al cual cada uno se fue incorporando entre los años setenta y noventa del siglo XX. El ingreso de Luis Villoro se verificó el 14 de noviembre de 1978, con lo cual su nombre quedó asociado a los filósofos que, como Ezequiel A. Chávez, Antonio Caso, José Vasconcelos, Samuel Ramos, Eduardo García Máynez, Antonio Gómez Robledo, Fernando Salmerón y Ramón Xirau, lo habían precedido en ese camino.

Su discurso inaugural, Filosofía y dominación, constituye a la vez un manifiesto y una síntesis de su concepción sobre esta disciplina. Según asentó aquel día, más que una suma de conocimientos, ésta se caracterizaba por una función que él mismo denominó, en un guiño a Baruch Spinoza, “reforma del entendimiento”. Con esta expresión, Villoro hacía referencia al gesto filosófico por excelencia, es decir, el del asombro, la perplejidad y la duda, los cuales impiden dar algo por sentado y nos obligan a dar cuenta de él, a ofrecer razones, a justificar […].

La reforma del entendimiento no se limitaba, sin embargo, a la dimensión teórica o racional de la experiencia, sino que guardaba un corolario práctico, expresado en la búsqueda de la “vida buena”, cualquiera que fuera su definición. Ello implicaba una ruptura frente a los valores heredados y las convenciones vigentes, por lo que igualmente se erigía como una vía hacia la liberación. Sólo cuando se olvida o sofoca el espíritu de cuestionamiento —apuntaba Villoro—, la filosofía puede convertirse en un instrumento de dominación, ora bajo la figura de doctrina, ora como el rebozo de la ideología. La advertencia era diáfana: evitar a toda costa el adoctrinamiento y mantener una actitud interrogante, desconfiada ante las certezas sin fundamento y crítica de las evidencias no probadas, aparecen como las condiciones de una filosofía auténtica, entendida como la actividad disruptiva de la razón.

Foto: El Colegio Nacional

En El Colegio Nacional Villoro encarnó como pocos los valores que de esa manera pregonaba: combatió la retórica sin sustancia, cuestionó falsedades anquilosadas, interrogó otros modos de vida e imaginó futuros distintos. En su principal auditorio organizó ciclos de conferencias y se le escuchó disertar sobre las mayores preocupaciones que guiaron su pensamiento, como las perspectivas de la democracia en México o los retos de alcanzar una sociedad a la vez justa y plural (Villoro, 2001 y 2009). También ahí se le vio en su última aparición pública, pocos días antes de fallecer, cuando asistió a la ceremonia de ingreso de su hijo Juan, como nuevo miembro de esa particular “comunidad de pensamiento”, ésta es, una que permite un diálogo entre pares a partir de preguntas en común […].

Quienes participamos en este volumen aspiramos a prestar continuidad a esa forma de diálogo propositivo, crítico y punteado de controversias, una forma de diálogo que ni la muerte de Villoro ha sabido interrumpir. De ahí que conmemorar el centenario de su nacimiento no fuera sino un motivo coyuntural, casi una excusa, para reunirnos y discutir temas y problemas que cada cual había hecho suyos desde algún tiempo atrás.

 

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* El Colegio Nacional, institución histórica dedicada a la divulgación de la cultura científica, artística y humanística, y Aristegui Noticias, medio de comunicación independiente y multiplataforma, colaboran para promover y difundir el quehacer intelectual de las y los colegiados, con el fin de acercarlo a nuevas audiencias.

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