Saltar al contenido principal

“Quien se dedica a las letras no puede estar tan cuerdo”: Luis Humberto Crosthwaite

Tras años de ausencia, el escritor tijuanense regresa a la literatura con su libro de cuentos ‘El último show del Elegante Joan’.

  • Redacción AN / HG
16 Jun, 2024 05:22
“Quien se dedica a las letras no puede estar tan cuerdo”: Luis Humberto Crosthwaite
(Penguin Random House).

Por Héctor González

Desde 2010, Luis Humberto Crosthwaite (1962) no publicaba un nuevo libro de cuentos. “Estuve prácticamente en el destierro, me perdí en uno de mis intentos por hallarme”, reconoce el narrador tijuanense.

Autor de libros de culto como El gran preténder y Estrella de la calle sexta, hace unos años despuntó como uno de los narradores más interesantes de la frontera. Ahora Croshwaite intenta recuperar algo del tiempo perdido con la publicación de El último show del Elegante Joan (Literatura Random House), un volumen de cuentos que reflexiona sobre el proceso creativo y su relación con la escritura.

¿Los cuentos de El último show del Elegante Joan fueron escritos exprofeso para el libro?

Es un libro que está relacionado con mis obsesiones, la música es mi obsesión y la literatura, mi vida. Desde que empecé a publicar en 1988 he hecho esta mezcla, pero este libro en particular tiene que ver con una mirada interior, con ver de qué estoy hecho.

¿Y de qué estás hecho?

Básicamente de palabras y de poesía, a eso responden estos cuentos, no los escribí sin una unidad.

¿Esta revisión a tu mirada interior qué tanto es consecuencia del tiempo que estuviste alejado de la escritura y el medio literario?

Sin duda hay una relación, estuve prácticamente en el destierro, me perdí en uno de mis intentos por hallarme. Tenía muchas ganas de escribir historias en donde la literatura, mis lecturas y mi fascinación por las palabras estuvieran sentadas en primera fila. La poesía navega a través del libro casi como una brisa, soy un poeta de clóset y nunca me había atrevido a decirlo hasta ahora.

Uno de los puntos de unión que encontré en los cuentos es la duda, son personajes que se cuestionan todo el tiempo sobre su trabajo.

Dudan porque están buscando algo y no saben a dónde van, muchos de ellos incluso están perdiendo la razón. Son personajes que conectan conmigo porque yo mismo me pregunto qué tan cuerdo o loco estoy, mis dudas personales se las paso a ellos.

¿Qué tan cuerdo o que tan loco estás?

Quien se dedica a las letras no puede estar tan cuerdo. Me gustan los personajes que caminan sobre una cuerda floja y no saben dónde van a caer, creo que es un reflejo de mi propia psicología. Mi último destierro respondió a mis broncas de salud mental. A mi regreso a Tijuana, obligado por las circunstancias, comencé a reconectarme con mi territorio, volví a la casa de mi madre, quien desafortunadamente ya no está. Me tuve que apropiar de lo que había perdido y desde luego eso se nota en lo que estoy escribiendo.

¿Qué te hizo volver con cuentos e historias nuevas?

Mi libro anterior, Tijuana, crimen y olvido, se publicó en 2010 y lo sufrí mucho, había perdido el gozo de obras como Idus de la mente e intenté volver a eso. El regreso a Tijuana me ayudó a encontrar la solución, por eso El último show del Elegante Joan tiene muchos tintes de humor. Ahora, intento no regresar a las sombras en las que estuve. Mis personajes me sirven para hablar conmigo mismo, funcionan como una especie de espejo.

¿En este sentido, hacia dónde te desplazaste como escritor al construir tus personajes y cuentos?

Soy muy obsesivo, me gusta aceitar mucho las ideas antes de llevarlas al papel. Incluso el primer borrador no suele parecerse en nada al cuento publicado, esto me gusta porque quiere decir que el cuento es un material maleable. Me veo como un relojero que ajusta las piezas y los engranes, por un lado, tengo la historia que quiero contar y por otro, lo que quiero dar de mí al personaje.

¿Debido al carácter personal de este libro el territorio no tiene un papel central?

Así es, en este caso el territorio soy yo. Aquí hay autoanálisis para intentar entender cómo funciono y cómo es posible que llegara vivo hasta aquí. Digamos que estos cuentos equivalen a unas sesiones de terapia.

¿Y cuál es tu diagnóstico?

Más que hacer un diagnóstico me siento contento por haber llegado a este momento y con mucho ímpetu por seguir hacia adelante. Creo que podría decirme: “lo has hecho bien hasta ahora Luis Humberto”.

Ahora incluso juegas más con la metaliteratura…

Desde el principio estos personajes emergieron con sus propias dudas, mucho de lo que ahora escribo me permite darles poder para que cuestionen al autor. En el cuento “Novela”, uno de los personajes le reclama al autor por el tipo de vida que le dio.

¿Crees en la idea del autor como una especie de Dios?

Creo el personaje puede descubrir que no se mueve por sí mismo, sino que hay alguien que lo mueve, ahí es cuando surge su exigencia.

En este sentido, ¿cuál es tu relación con la idea de Dios?

Soy bastante ateo, cada quien tiene su dios personal y algunos necesitan que este lejos; en mi caso la única deidad en que creo está dentro de mí, si esa no funciona ya me jodí.

Ahora que te reconectaste con la ficción, ¿qué relación tienes con la escritura?

Cuando regresé a Tijuana tenía una depresión terrible, al año siguiente cayó la pandemia y al poco tiempo se murió un amigo muy querido. En ese momento intenté escribir, pero las circunstancias aplastaron mis planes y dejé de pensar en historias. Poco a poco me he repuesto. Por ahora me resulta más fácil concentrarme en los cuentos porque son breves, no obstante, estoy escribiendo una novela donde una vez más la metaficción está muy presente. Creo que estoy en un momento en el que me interesa profundizar en la relación de los personajes con el autor.

 

 

 

 

Temas Relacionados