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“Puedo probar que dios existe porque perdoné lo imperdonable”: Amanda Lalena Escalante (Amandititita)

La compositora artífice de anarcumbia y escritora publica hace un recuento de sus memorias en ‘Un día contaré esta historia’.

  • Redacción AN / HG
15 Jun, 2025 07:38
“Puedo probar que dios existe porque perdoné lo imperdonable”: Amanda Lalena Escalante (Amandititita)

Por Héctor González

La vida de Amanda no ha sido fácil. Todo de lo que se lee en Un día contaré esta historia (Grijalbo), es duro, muy duro, pero real, sostiene quien hasta hace unos años prefería que la llamaran “Amandititita”.

Hija de Rockdrigo González, compositora y escritora, Amanda Lalena Escalante Pimentel (Tampico, 1979), sabe lo que es vivir en la calle, tener que ingeniárselas para proteger a su madre, su hermano y a ella misma. Sabe también lo que es la fama, no poder caminar sin que te pidan un autógrafo y lo que es que los medios se burlen te ti, pero sobre todo sabe lo que es el perdón.

Hoy, tras años de excesos y episodios que casi nadie envidiaría, se asume como una persona espiritual, solo que la suya, precisa, no es una espiritualidad religiosa, “sino anarquista”.

¿Amanda o Amandititita?

Amanda por favor.

Tu nuevo libro se llama Un día contaré esta historia, ¿cómo supiste que ese día había llegado?

Creo que tiene mucho que ver el momento histórico. Apenas estamos descubriendo que la vulnerabilidad en realidad es una fortaleza, que es importante hablar de cosas que antes, socialmente, nos habían enseñado a esconder como la pobreza, las violencias y la salud. Además, estoy en un momento de mi vida mucho más maduro, tengo 45 años y de alguna manera me había prometido contar esta historia. Era algo que lamentablemente tenía que atravesar para contar, no a manera de resentimiento ni para enojarme con la vida. Siempre supe que si sobrevivía a esta historia la tendría que contar y pues la sobreviví.

En varias partes del libro escribes que te urgía terminar esta historia, ¿por qué la urgencia?

Ahora que la acabé y que sé lo que es la libertad, te puedo decir que me urgía para poder contar nuevas cosas y para liberarme del peso de un pasado que no me dejaba escribir ni seguir adelante. Ahorita estoy feliz y las posibilidades de escribir algo nuevo son enormes, y aunque no lo hiciera ya cumplí mi promesa.

También hay un proceso de perdón, de hecho, creo que ese es uno de los temas del libro. Pese a lo que viviste te refieres a tus papás como personas amorosas.  

Nadie nos enseña a amar ni a ser padres. No soy madre y creo que eso es consecuencia de todo lo que viví. En el caso de mis padres no puedo hablar de ausencia de amor sino de negligencia y la necesidad de vivir su vida. Muchas personas se convierten en padres muy jóvenes y no son conscientes de lo que eso significa. Tener una criatura te obliga a distribuir tus necesidades de otra manera y más si tus necesidades son destructivas o creativas, como fue el caso de mi padre para quien lo más importante fue su música y el amor enorme por la ciudad. El libro también me dio la oportunidad de hablar de derechos infantiles. Me sorprende mucho que estos derechos se les expliquen a los niños, pero no a los adultos. No sabemos realmente cuánto afectamos a nuestros niños por nuestras actitudes negligentes, destructivas, adictivas.

¿Cómo viviste hacerte la prueba de ADN para corroborar que eres hija de Rockdrigo?

Antes tenía la idea romántica de que yo era como una de esas canciones que no registró, pero no todo mundo lo veía de la misma manera y fui víctima de mucha violencia psicológica. A las mujeres se les puede decir “no sé con quién te acostaste”, eso es algo muy duro. En mi caso, mi padre nunca me puso en tela de juicio, como tampoco lo hizo el 99% de su familia. Sin embargo, había una persona que dudaba de mí y que me lo decía. Eso me causó mucho dolor emocional, cuando me hice la prueba de ADN estaba muy triste, no podía creerlo. Yo nunca he exigido regalías ni nada, de hecho, no voy a pelear por nada económico. Así como Aljen Ginsberg decía “he visto a las mejores mentes de mi generación destruirse con las drogas”, yo vi a las mejores mentes de mi familia destruirse por esa dichosa herencia. Cuando me hice la prueba le hablé a Andrés Ramírez, el editor, para comentarle que había salido positiva y que me parecía importante incluir esto en el libro, pese a que ya estaba terminado.

¿Cómo llegas al perdón?, en el libro hablas de terapia, la escritura, la música.

He tomado muchas terapias y nunca me ayudaron a eso, pero sí a entender ciertas cosas. El perdón llegó porque duele mucho cargar con el dolor y con el resentimiento, fue un proceso totalmente espiritual. Soy una persona que cree en dios porque tuve la capacidad de perdonar. Puedo demostrar que dios existe porque perdoné lo imperdonable. Aunque a veces me cuesta mucho trabajo comprender las cosas, intento con todo mi corazón no pensar que la gente hace las cosas desde la maldad. Para mí la maldad en realidad es una carencia de amor. Creo que todos actuaron lo mejor que pudieron, yo también me he equivocado mucho y he lastimado a gente que amo, y a mí misma.

¿Tu hermano Luis leyó el libro?

No, no sé dónde está.

¿Guillermo Fadanelli te ha dicho algo?

No me ha dicho nada bueno ni malo. Fadanelli y yo tenemos una amistad muy sólida y fuerte. Independiente de las palabras, él sabe que estoy para él y yo sé que él está para mí. Ahora yo me fui un poco por otra línea y Fadanelli es muy congruente con su personaje, sigue en la cantina, escribiendo y en el anarquismo total. Yo ya no voy por ese camino. Lo extraño y lo quiero, sé que nos vamos a ver muy pronto.

Eres generosa con él, como también lo eres con músicos como El Haragán y algunos integrantes de La Maldita Vecindad.

Casi todos los que nos me han apoyado son hombres. Me dolió mucho darme cuenta de que en mi libro no hay mujeres abriéndome la puerta de su casa o cuidándome. Me pareció interesante narrar esto en una época donde está todo tan polarizado. Tengo mis propias ideas del feminismo, pero en mi vida a mí me han tratado muy bien muchos hombres, incluso hombres como Fadanelli, que pareciera tener una figura seca y machista. Conmigo fue una persona absolutamente cariñosa, cuidadosa y respetuosa. De niña andaba en los hoyos funky, sitios donde no había baños y se bailaba slam, pero todo mundo me cuidaba, era una niña de rock.

Sin embargo, te vas por la cumbia. De hecho, la primera parte de libro es muy dura, pero cuando entra esta música todo cambia.

Para mí hubiera sido más fácil hacer rock o hacer hip hop, van más con mi personalidad. Pero creo que la cumbia le habla más al tipo de personas que día a día sobreviven y aun así sonríen, para mí la cumbia es como un descanso mental. Además, tengo muchos recuerdos de los sonideros en la calle, muchas veces me tocó llegar a sus fiestas sin que nadie nos invitara. A mí papá le gustaba mucho la salsa, en especial Willie Colón, pero siento que es algo muy mío, aquí veo poesía y me gusta.

Como te decía hace un rato, sobre todo en la primera parte del libro, cuentas cosas muy duras. ¿En algún momento pensaste no me van a creer todo lo que me pasó?

No, fíjate que no. Mi preocupación iba por el lado del sentido del humor porque la gente me ubica en esa línea y en el libro no hay nada chistoso, pero es la realidad y hay mucha gente que testificó lo que cuento. Me costó mucho decidir sacarlo porque es triste y sí temía que la gente no lo aguantara. Una vez que salió hubo un periodo de silencio, la gente no lo estaba comprando, ahora creo que ya pasó eso. A lo mejor está muy duro, pero pues es que esto es lo que es. Para llegar a un perdón tuve que atravesar por todas estas sombras.

En otra parte del libro escribes, “entre menos quiero ser yo, mejor me sale Amandititita”. ¿Cómo te llevas con el personaje?

Ahora ya me están empezando a decir Amanda, lo cual le agradezco. Amanditita tiene demasiada seguridad, es como si me cambiara la personalidad. Me pongo sus lentes oscuros y me siento protegida por esta persona a la que no te puedes chingar porque sabe responder y te denuncia sin importar si eres una transnacional o televisora. En cambio, yo, Amanda Lalena, soy una persona con muchos problemas de salud mental, tímida, con dolores y que se siente indefensa. Amandititita es como un refugio, pero también demanda mucha energía física y mental, y a veces está de hueva estar en la confrontación.

¿Te ha costado llevar una vida sobria?

Ya llevo seis años sin beber y sin meterme ningún tipo de sustancia legal o ilegales. La salud mental es ahora mi prioridad. La sobriedad es lo más bello que me ha pasado en la vida porque me gusta mucho la lucidez. Para mí fue muy duro ver a tanta gente con temas de alcohol. También me interesaba contar eso porque luego te dicen que el alcoholismo es genético y que solo lo superas por medio de terapias. En mi experiencia gracias a la espiritualidad amo la sobriedad y eso es algo de lo que no se habla mucho, tal vez por eso mucha gente recae, mi mamá recaía constantemente. Al final el alcohol y la drogadicción son enfermedades espirituales. Es un dolor enorme sentirte solo en este mundo y a veces ayuda a pensar en la posibilidad de que a lo mejor no estás solo, que a lo mejor hay un alguien que te ama y pone orden.

La verdad se agradece que el libro no sea un sermón y no suene a manual de autoayuda.

He sido cautelosa y he pasado por épocas de ateísmo muy profundo. Si tu me dices que dios no existe, te creo, pero no puedo confirmarlo. Sin embargo, también he sentido que hay algo más que este mundo. Creo en una espiritualidad anarquista, no religiosa; aceptar la necesidad humana de creer en algo alivia mucho. Gracias a que continuamente busco la espiritualidad he podido mantener la sobriedad, pero también la lucidez y a la paz.

 

 

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