“Hay tres cosas que nunca hice: pensar en la edad, en que no soy guapo y peinarme”: Élmer Mendoza
El escritor sinaloense publica ‘La sirena y el jubilado’, su novela más politizada hasta la fecha.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
La vida de Carmen Larrañaga no ha sido fácil: está atravesada por el abuso, el abandono y la violencia. Todo ello es el combustible del que se alimenta la búsqueda política de la protagonista de La sirena y el jubilado (Alfaguara), la nueva novela de Élmer Mendoza (1949) y tal vez su obra políticamente más explícita.
Con 76 años sobre su espalda, al narrador de Sinaloa le ha llegado el momento de los homenajes. Hace unos días se reconoció su trayectoria duranta la Feria del Libro de Coyoacán y se le anunció como ganador del Premio Jorge Ibargüengoitia de Literatura, no obstante Mendoza advierte que todavía le quedan historias por contar y que la única posibilidad de retiro se dará cuando muere.
¿Cómo te hacen sentir los homenajes?
Duermo una hora menos porque pienso a qué etapa de mi vida he llegado. Ahora pienso en mis maestros. Cuando recibió el Nobel, García Márquez dijo que no escribiría más, cosa que no cumplió. Yo voy a hacer lo de Saramago, escribiré hasta el último día.
¿Escribir es una necesidad vital?
Sí, hace cuatro o cinco años le dije a Leonora, mi pareja, que iba a dejar de escribir porque ya había dicho todo. Sólo se rio y me dijo así te quiero ver, al otro día ya estaba trabajando. La escritura es una vocación que se tiene que ejercer. No dudo que haya un momento en que se puede parar, pero no me gustaría hacer lo que mi maestro Juan Rulfo, quien encontró una botella por ahí y se consoló un poco, junto con los amigos. Me contaba Fernando del Paso de reuniones larguísimas donde se notaba que Rulfo era un hombre sabio, pero que después de escribir Pedro Páramo había perdido el interés por la escritura.
Rulfo sentía que no podía escribir algo mejor, ¿a ti te ha pasado?
No. Siempre parto de un principio, cada libro lo escribo como si fueran el primero. Dicen que he escrito libros muy buenos, pero no lo sé. Siempre estoy tratando de escribir el mejor libro.
No sé si La sirena y el jubilado sea tu mejor libro, pero sí me parece que es el más politizado.
Es lo que me han dicho. Es una novela con mucha carga política, pero mientras escribo nunca pienso en eso. Trabajo en desarrollar un proceso estético, utilizando todo lo que sé en relación con el lenguaje y las formas que conozco para crear una historia y una trama, por supuesto también desarrollando personajes. En este caso Carmen es una mujer con aspiraciones políticas y eso marca la naturaleza del libro.
Me da la impresión de que después del Culiacanazo tomaste un rol más protagónico al involucrarte en la crítica social o política. ¿Esta novela es consecuencia de esto?
No lo había pensado, pero creo que tienes razón. Yo pertenezco a esa comunidad, ahí vivo, es mi ciudad. Me impactó el Culiacanazo, pero me impactó más que cuando salí a recorrer las zonas heridas y lastimadas, la gente me decía: “Élmer tienes que escribir sobre esto”, eso me cimbró. Ese suceso ha contribuido en mi concepción de la realidad política de mi país porque tiene que ver con el sufrimiento y la indefensión de la sociedad civil.
Un asesino solitario es otra de tus novelas escritas con clave política, sin embargo, esta es distinta. ¿Influyó que la gente te pidiera que escribieras de lo sucedido en Culiacán?
En el sentido de que siempre intento escribir una gran novela, sí. Pero no lo hago en contra de nadie, es una actitud de trabajo. Evidentemente si los acontecimientos violentos de mi ciudad han tenido un impacto en mi cerebro, tienen que salir en mi literatura.
¿Encuentras paralelismos entre el Culiacanazo y lo sucedido con la captura de El Mencho?
Creo que ya hay algunos paralelismos y creo que puede haber más. Ojalá que el gobierno federal no permita que ocurran, tengo que confiar en que van a hacer el trabajo. A lo mejor el Culiacanazo los sorprendió y espero que ahora los efectos no sean tan cruentos. Culiacán era uno antes y ahora es otro distinto. Espero que cuando esto termine, porque tiene que terminar, no sea demasiado tarde.
De alguna manera, la búsqueda de Carmen Larrañaga condensa muchas de las cosas que tenemos que cambiar como país, empezando por un tema de equidad de género. ¿Cómo interpretamos ahora que tenemos una presidenta?
Tengo mucha fe en las mujeres, incluyendo a nuestra presidenta. Las mujeres son muy buenas para el riesgo y generalmente están capacitadas para vencer adversidades ante las que los varones nos doblamos. Cada vez hay más mujeres con conciencia política, hay un machismo en la política evidente que debe terminar. La presidenta necesita de esa fuerza femenina y por lo mismo debe dejar de temer a las mujeres que están luchando, como las madres buscadoras. Necesita sentarse a hablar con ellas y crear los mecanismos para apoyarlas. La presidenta no puede perder conciencia de que gobierna un país con serios problemas. Reconozco que le han tocado circunstancias inesperadas, en particular con la relación con Estados Unidos, y creo que se ha plantado bien. Creo que los mexicanos no podemos perder la esperanza porque de lo contrario aumentarían los suicidios.
¿Es lo único que nos queda?
No, nos quedan nuestros trabajos, nuestras familias, lo que sabemos. Cada vez que podamos señalar a los responsables hay que hacerlo.
¿Al crear el personaje de Carmen Larrañaga pensabas en cómo la leerían las mujeres?
Tenía el deseo de escribir una novela con personaje femenino y trabajé para que me saliera lo mejor posible, pero no pensaba en eso. Aún no sé qué pasará, pero los testimonios que tengo hasta ahora de mujeres lectoras son favorables, algunas me han dicho que darán la novela a sus hijas y nietas, eso me agrada porque quiere decir que han encontrado algo que podría reforzar sus ideas.
Otro personaje importante en la novela es Néstor, un hombre mayor y que creo sólo podrías haberlo creado ahora.
Sí, creo que los mexicanos debemos retirarnos hasta que muramos. Los jubilados saben muchas cosas, pero el retiro acaba con ellos. No tienen que confinarse a las bancas de los parques. Las personas mayores debemos hacer cosas y organizarnos. Siempre me da gusto cuando veo un ballet o un coro de gente mayor. Uno de mis hermanos cuando se jubiló se inscribió en un ballet de danza folclórica con gente de su edad y en esas estaba cuando le dio un dolor y regresó a Culiacán para morir, pero estuvo hasta el final ahí, no se rajó. En el caso de Néstor, es un científico con un conocimiento particular, pero por una situación particular se tuvo que retirar.
¿Sientes algún vínculo con Néstor?, ¿cómo te llevas con la vejez?
¿Cuál vejez, loco? Hay tres cosas que nunca hice: pensar en la edad, pensar en que no soy guapo y peinarme.
En uno de los epígrafes de la novela citas a Leonardo Padura, cuando dice que se escribe una novela para revelar un conocimiento de la naturaleza humana. ¿Qué querías revelar?
Me interesaba que Carmen tuviera claro que su principal virtud es su inteligencia y su valor como ente social, así como su deseo de llegar un lugar para proponer leyes en beneficio de las mujeres. Y en el caso de Néstor igual, es un hombre mayor, retirado y enclaustrado, tiene que darse cuenta de que, el mundo requiere de su conocimiento. Para fortuna de ellos, descubren que la unión hace la fuerza.







