Cuando ya no alcanza para 'gobernar' | Artículo de David Ordaz
¿Cómo es posible que la izquierda brasileña no haya arrasado como se pensaba hace unas semanas?
- David Ordaz

Olvidemos la falta de capacidad, empatía, estrategia, decisión, operación, cabildeo, gracia, etc. Uno de los temas hoy para Claudia Sheinbaum es la falta de recursos para sostener uno de los programas insignia de Andrés Manuel López Obrador: Jóvenes Construyendo el Futuro, una herramienta disfrazada de programa social para comprar votos, controlar a sus seguidores, manipular a quienes, por necesidad o ambición, siempre estarán dispuestos a estirar la mano o en el mejor de los casos ver de regreso en su cartera lo que quitan de impuestos y después regresan con la máscara de dádiva social.
De gira por Tamaulipas, la presidenta señaló que “los programas del bienestar es el amor convertido en política pública” y dijo que estaba garantizada la continuidad de estos programas, pues son el corazón de la política social de su gobierno. Días después, la Secretaría del Trabajo confirmó que la plataforma de Jóvenes Construyendo el Futuro cerrará en octubre de 2026 y explicó que el cierre responde a la estrategia de focalización del programa.
Jóvenes Construyendo el Futuro es de los programas sociales que más recursos destina, pues representa una beca mensual de $9,582.47 pesos bajo el argumento de conectar a personas con centros de trabajo para brindarles capacitación laboral remunerada a jóvenes de 18 a 29 años de edad que no estudian y no trabajan.
Pero no solo es la beca mensual, los jóvenes también reciben un seguro médico del IMSS con cobertura contra enfermedades, maternidad y riesgos de trabajo, capacitación gratis de hasta 12 meses en empresas, talleres o negocios y una constancia de capacitación al terminar el año.
Un pequeño ejercicio
Retomando un ejercicio que hacíamos hace un par de años cuando Sheinbaum llegó a la presidencia, consideremos a una familia de 6 integrantes, contando mamá, papá, tres hijos de diferentes edades y escolaridad y dos abuelos (que es por lo general una muestra de cómo se conforma una casa en nuestro país), todos adscritos a los programas sociales del actual gobierno federal.
Nos enfocamos a programas como Pensión para el Bienestar, Jóvenes Construyendo el Futuro, Beca para el Bienestar, Pensión para el Bienestar para Personas con Discapacidad y Programa para el Bienestar de Niñas y Niños Hijos de Madres Trabajadoras.
Los dos abuelos reciben, cada uno, 3,000 pesos de su Pensión Bienestar (6,000 pesos); uno de los hijos está inscrito al programa Jóvenes Construyendo el Futuro y recibe 7,000 pesos mensuales, el otro hijo, de su Beca para el Bienestar para Educación Superior obtiene 2,800 pesos y finalmente el hijo más pequeño recibe 600 pesos de su Beca para Empezar.
Si algún integrante estuviera discapacitado, esto le daría acceso a la Pensión Bienestar para Personas con Discapacidad que otorga hasta 3,100 pesos bimestrales (1,050 pesos mensuales) y finalmente, la mamá estuviera inscrita en el Programa para el Bienestar de Niñas y Niños Hijos de Madres Trabajadoras, que puede variar dependiendo de la edad de los menores de edad que se cuenten en casa y que, de acuerdo con información oficial, puede ser de 1,600 pesos bimestrales (800 pesos mensuales) para recién nacidos hasta los 4 años y de 3,600 pesos para menores de edad con discapacidad recién nacidos y hasta los 6 años de edad.
Vamos a los números mensuales, 6,000 de los abuelos, 7,000 del joven construyendo el futuro, 2,800 de la beca de educación superior, 1,050 del integrante con discapacidad y 800 pesos de la beca para empezar (considerando solo un hijo). En total son 17,650 pesos.
Agreguemos ahora que mamá y papá trabajan. De acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, la mayor parte de los mexicanos reciben un salario promedio de 7,380 pesos al mes (14,730 pesos por los dos). Esto da un gran total de 32,380 pesos mensuales.
Si bien es cierto que miles de familias han visto crecer entre 17 y 24% sus ingresos gracias a diferentes programas sociales que les llegan de forma directa, también es cierto que esto viene acompañado de una narrativa de buenos contra malos donde el pueblo ha sido afectado por el neoliberalismo, un modelo que quiere privatizar, corromper y adueñarse de todo para que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.
El modelo pierde fuerza
El domingo pasado, Brasil tuvo elecciones con un sorprendente resultado, el derechista Flavio Bolsonaro obtuvo 47% de las preferencias sobre 45% de Lula Da Silva, lo que llevará a una segunda vuelta.
¿Cómo es posible que la izquierda brasileña no haya arrasado como se pensaba hace unas semanas?
Por décadas, gran parte de la izquierda latinoamericana ha encontrado como fórmula política el uso de los recursos del Estado para mejorar el ingreso de “quienes menos tienen”, a través de pensiones, becas, transferencias y aumentos al salario mínimo. El argumento es sencillo, la ayuda a millones de familias ha construido una relación política sólida y de empatía con amplios sectores de la población.
El problema estriba en dos ángulos, el millonario dispendio de recursos y la mejora del ingreso sin estrategia, o sea sin productividad. Aumentar el salario ayuda a los trabajadores, pero para sostenerlo se necesitan que las empresas crezcan, se creen empleos formales y se impulse una economía capaz de producir cada vez más.
En el caso de Brasil, el problema ocurrió después de repartir los recursos de los programas sociales, ya que su discusión está en los cuestionamientos por la alta inflación, la inseguridad, corrupción y una economía que no termina por responder.
Entonces, ¿qué pasa cuando la narrativa se alinea con una estrategia aterrizada y ejecutada a través de los programas sociales? Se crea un modelo eficaz y prácticamente invencible. Pero cuando se termina el presupuesto, ¿seguirá siendo tan eficiente la “transformación” y la lealtad del “pueblo”?