Naturaleza AristeguiNaturaleza Aristegui

Rearmar los campos literarios en tiempos de pandemia | Artículo

Pedro Páramo es la mejor novela mexicana de todos los tiempos. Más aún, en la idea de Borges, “[…] es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de la literatura”

  • Julio Moguel
12 Sep, 2020 07:00
Rearmar los campos literarios en tiempos de pandemia | Artículo

Julio Moguel

I

La pandemia y la crisis global que nos envuelve destruye conceptos y escenarios, imaginarios y modas. Lo viejo aún no acaba de morir, mientras lo nuevo no acaba por nacer. En esa oportunidad de cambio de las mentalidades se requiere también revisar nuestras convicciones regulares en torno a las ciencias y las artes. Y, de paso, revisar algunos de nuestros sentidos comunes en los campos literarios.

Aquí me ocupo rápidamente de tres casos que, dada una particular aseveración hecha por Jorge Aguilar Mora hace ya algunos años, ayuda a decir o a contradecir, para dar nuevas posibilidades de juego y apertura a la reflexión y al debate.

II

Nunca me convenció la idea de que “Cien años de soledad [de Gabriel García Márquez] no hubiera sido posible sin Pedro Páramo [de Juan Rulfo] y Pedro Páramo no hubiera sido posible sin Cartucho de Nellie Campobello”. Esta simplificación fue hecha por Jorge Aguilar Mora, cuando presentó su libro Una muerte sencilla, justa, eterna (ERA, 1990).

Mi lectura de los textos mencionados por el autor de Una muerte sencilla, justa, eterna no me lleva a una conclusión que pudiera acercarse por algún lado o vértice a tal aseveración: las tres obras en cuestión no tienen parecido alguno, en tema, estilo, ritmo, lógica o calidad artística.

No veo allí incluso lo que algunos pudieran definir como el triángulo de una “escuela”. Un error similar, aunque de otras dimensiones y niveles, se encuentra en aquellos críticos literarios que definieron la escritura de Rulfo como “parte” del “realismo mágico” –extendiendo la envoltura clasificatoria a obras como las de Alejo Carpentier y a las del mismo Gabriel García Márquez.

III

Pedro Páramo es la mejor novela mexicana de todos los tiempos. Más aún, en la idea de Borges, “[…] es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de la literatura”. Y si de comparaciones se trata, me cuidaría de no hacerlo con Cien años de soledad, por más que su autor reconozca que pudo construir esa magna obra literaria después de abrevar en la escritura de Rulfo.

La novelística del colombiano tiene parrafadas largas y un formato de “cierre” por segmento o capitular efectista. Lo que puede no es ser un grave defecto, sin duda, pero ello choca diametralmente con la lógica, forma y estructura de la novela de Rulfo. Y ello por mencionar sólo uno de los aspectos que mantiene distantes las escrituras del mexicano y del colombiano.

Cien años de soledad puede considerarse como un gran libro en el plano literario, pero, hacia el final, las variadas “resonancias” con las que su autor pretende coronarlo rebajan desde mi punto de vista su estatura. Una en particular me parece poco certera: cuando introduce una especie de repetición del conocido Aleph de Borges (El Aleph borgiano aparece en 1945) –quien por cierto ya lo había adoptado, a su manera, del “Aleph” de La Araucana (1569, de Alonso de Ercilla)– en aquella parte en la que, al final de la historia de Macondo, a Aureliano Babilonia se le revelan las claves definitivas de Melquíades y puede entonces descifrar los pergaminos, descubriendo en ellos “[…] la historia de la familia, escrita por Melquíades hasta en sus detalles más triviales”, pero con la anticipación de cien años:

Lo había redactado en sánscrito, que era su lengua materna, y había cifrado los versos pares con la clave privada del emperador Augusto, y los impares con claves militares lacedemonias. La protección final, que Aureliano empezaba a vislumbrar cuando se dejó confundir por el amor de Amaranta Úrsula, radicaba en que Melquíades no había ordenado los hechos en el tiempo convencional de los hombres, sino que concentró un siglo de episodios cotidianos, de modos que todos coexistieran en un instante […]

¿Por qué dar ese toque borgiano a su novela? ¿La prisa por terminar su novela? ¿Registro de un encuadre borgiano que, siendo significativamente conocido, no se ubica –o no pretende ubicarse– como plagio sino como una especie de homenaje al escritor argentino? No sé si sobre este punto el propio García Márquez haya definido algún apuntamiento. Pero me parece que el uso de este específico artilugio literario podría haberse evitado para dar a su preciada novela un final más original y más propio.

(No dejo de mencionar aquí el hecho, poco conocido, de que Thomas Mann ya había escrito “su Cien años de soledad” con muchas décadas de anticipación, en su novela Los Buddenbrook).

Foto: Wikimedia Commons

IV

Cartucho, de Nellie Campobello, aparecida por vez primera en 1931, se cuece en otros hornos, y no tiene nada que ver en mi opinión, como “antecedente” significativo, con la escritura de Rulfo.

Digamos primero, para dar algún marco a la obra, que se trata de un pequeño libro formado por muy breves historias (33, en la primera edición) armadas o construidas desde la mirada de una niña que vive, desde la ventana de su casa provinciana, el “pasar de la Revolución”, tal y como se van presentando frente a sus ojos. Entre otros flashazos memorables de esta secuencia de imágenes se encuentra la del aquel “cadáver que pasaba varios días tirado frente a su casa”, y que, cuando se llevaron a “su muerto”, soñaba, la pequeña, “en que fusilarían [a] otro […] deseando que fuera ante [su] casa”.

Deslumbrante, sin duda, en muchos de sus pasajes, logra generar esa mágica posibilidad de interrogar, desde la mirada infantil, el sentido ordinario –convencional— adulto de la época. Capacidades que de variadas formas y niveles aún tienen los niños, y que pierden conforme crecen y se vuelven partícipes del mundo culturizado o sobreculturizado de los seres adultos. (“Más tarde –nos dirá Gilles Deleuze–, las personas mayores son atrapadas por el fondo, caen y ya no comprenden, porque son demasiado profundas”).

Cartucho es sin duda un libro extraordinario que hay que leer y revalorar, sobre todo en los tiempos actuales de crisis. Pero no hay, frente a tal magnífica obra, comparaciones que valgan. Al menos no las que llegó a concebir el buen escritor Jorge Aguilar Mora.

Temas Relacionados