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‘La palabra mágica’, adelanto del nuevo libro de Isabel Allende

Con autorización de Penguin Random House ofrecemos un fragmento de la nueva obra de la escritora chilena.

  • Redacción AN / HG
12 Apr, 2026 06:53
‘La palabra mágica’, adelanto del nuevo libro de Isabel Allende

¿Qué es la literatura para una autora como Isabel Allende? ¿Cómo es su proceso creativo? Preguntas como estas encuentran respuesta en La palabra mágica (Plaza & Janés), la nueva obra de la narradora chilena.

Aquí, la escritora comparte los triunfos, errores y aprendizajes que los desafíos y las alegrías le han brindado a lo largo de los años. A partir de sus propias vivencias, este libro es una clase magistral para todo aquel que desee iniciar su propio viaje literario.

Con autorización de Penguin Random House ofrecemos un fragmento de este título que recién llega a librerías.

La escritura me ha definido, es el marco que encuadra mis experiencias, es el lente a través del cual examino mi presencia en el mundo. Considerando esto, decidí posponer otros proyectos que tengo pendientes y empezar a reflexionar sobre la naturaleza de mi trabajo. Mis libros son mi única contribución; cada uno es una ofrenda que preparo con gran cuidado, con la esperanza de que sea bien recibida. Por eso, al acercarme al final de mi vida, me parece importante escribir sobre… escribir.

Este propósito no es difícil, pero extraer conclusiones universales lo es. Sin embargo, me han pedido que este libro no sea solamente una crónica de mi camino en la escritura, sino que comparta también lo que he aprendido para ayudar a otros. De modo que esta es una invitación a examinar el oficio al cual le he dedicado mi vida. Algunos lectores pueden estar interesados en la literatura en general, otros pueden desear algún consejo. Espero que los primeros se entretengan con mis aventuras literarias y que los segundos le pierdan el miedo a la pantalla en blanco y permitan que el placer de contar alimente su inspiración.

La literatura es mágica: armar una historia es un proceso misterioso, orgánico, instintivo. Al escribir entro en la dimensión de los sueños, la intuición, las premoniciones; debo rendirme y dejar que los personajes hagan lo que tienen que hacer y que la historia se cuente a sí misma. Paso la mayor parte de mi tiempo sola y en silencio, como un monje en su celda. Escribir es como meditar. En la soledad recuerdo, escucho voces, tengo visiones. Mientras más callada estoy, más oigo y más veo. En el silencio de la escritura a veces me visitan espíritus —¿o serán las musas?—. Lo siento como un roce en la nuca. Al escribir me transformo en médium.

Desde mi primer libro tuve la suerte de contar con una madre que leía mis páginas. Era una crítica muy exigente y pertenecía a una generación que practicaba el arte de escribir con hermosa caligrafía, con gramática y ortografía correctas, con un lenguaje elevado. Ella y yo nos enviamos cartas a diario durante la mayor parte de nuestras vidas. Muchas de sus cartas constan de seis o más páginas escritas a mano sin una sola corrección: cada frase, perfecta. Nuestra fanática correspondencia no era como lo que hoy se entiende por comunicación. Ahora el mundo es visual; la gente usa mensajes breves, bruscos, va directa al grano. Cuando escribo, trato de invocar a mi madre; ella era cuidadosa en la elección de las palabras, deseaba elegancia, originalidad, ironía. ¡Qué falta me hace su lápiz rojo!

Al cabo de casi medio siglo escribiendo ficción, he aprendido algo sobre mí misma, pues cada libro es un viaje a la memoria y al alma, un ejercicio de introspección. Ahora conozco mis limitaciones y perdono más fácilmente mis errores, porque les he tomado algo de cariño a mis viejos defectos. La edad no me ha hecho más sabia o calmada, tampoco me ha hecho más amable o menos propensa a enamorarme, pero me ha dado una discreta felicidad cuando menos la esperaba. No me asusta el dolor, porque soy más fuerte de lo que parezco, o la muerte, porque la he visto de cerca y no es un esqueleto armado de una guadaña, sino una dama bondadosa que huele a gardenias y que me está esperando sentada en mi jardín. Solo temo el momento en que ya no pueda escribir.

He aceptado finalmente que tengo muy poco control sobre lo que me sucede, así que vivo relajada, día a día. Eso me da una libertad que no poseía cuando era joven. Me gusta la vida que he tenido y solo lamento el dolor que puedo haber causado a otros. Si volviera a comenzar, recorrería más o menos el mismo camino y, sin duda, daría las mismas batallas, especialmente contra el patriarcado, que han sido muy divertidas. Eso sí: empezaría a escribir mucho antes.

 

 

 

 

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