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Boris Johnson: un producto tóxico para los Conservadores británicos | Video

Esta impresionante desbandada pública, sin precedentes en la historia moderna de Reino Unido, fue el peso que terminó de hundir a Boris Johnson y le obligó a renunciar como líder del Partido Conservador británico.

  • Antonio Salgado Borge
09 Jul, 2022 15:21
Boris Johnson: un producto tóxico para los Conservadores británicos | Video
Foto: Reuters

*Antonio Salgado Borge

Boris Johnson afirmó que su eventual separación del cargo de Primer Ministro británico está relacionado con la “mentalidad de manada” de los legisladores de su partido.

Tiene razón. A las renuncias de dos de los más importantes Ministros –miembros de del gabinete– le siguieron las renuncias de decenas de funcionarios de niveles altos y medios. La mayoría han publicado cartas en las que expresan, a grandes rasgos y con distintos niveles de contundencia, que encuentran la conducta de su Primer Ministro inaceptable. También han afirmado que le han perdido toda la confianza.

Esta impresionante desbandada pública, sin precedentes en la historia moderna de Reino Unido, fue el peso que terminó de hundir a Boris Johnson y le obligó a renunciar como líder del Partido Conservador británico.

Sin embargo, al apelar a la “mentalidad de manada” el todavía Primer Ministro omitió un dato importante. Si la renuncia en masa de Ministros y funcionarios se ha producido en este momento es, en buena medida, porque parte de los Miembros del Parlamento (MP) que pertenecen al Partido Conservador consideran que su líder se ha vuelto tóxico.

La gota que derramó el vaso cayó hace unos días, cuando Johnson negó que cuando incorporó a su equipo a uno de sus Ministros sabía que éste había acosado y manoseado a dos colaboradores.

Horas después, Johnson cambió su versión y afirmó que, aunque era consciente de estos alegatos, no tenía evidencias directas de ellos. Más tarde, un servidor público de alto rango renunció afirmando que al Primer Ministro se le informó, directamente y con lujos de detalle, de este caso. A Johnson no le quedó más remedio que disculparse públicamente.

Este patrón consistente en mentir, corregir una mentira con otra al ser descubierto y apelar otra vez a una falsedad al volver a ser evidenciado, no es nuevo.

Algo muy similar ocurrió con el famoso Partygate, el escándalo derivado de las fiestas que, en plena pandemia y en violación directa a las reglas impuestas por el gobierno de Johnson, ocurrieron en 10 Downing Street – la residencia donde vive y despacha el primer ministro–.

Este escándalo, sumado a las derrotas en elecciones intermedias llevadas a cabo hace un par de semanas, hizo ver a los conservadores británicos que la figura de Johnson se había vuelto corrosiva para su partido y para sus propias aspiraciones electorales.

Antes de mentir sobre el caso de acoso sexual, el Partygate y otros tropiezos anteriores habían llevado a perder el apoyo de 40% de los MP de su partido y de 60% del público británico.

Dado que las nuevas mentiras y el repudio subsiguiente sólo podían hacer peor esta tendencia, muchos Conservadores decidieron abandonar a su líder para evitar contagiarse de su toxicidad desbordada.

La renuncia de Johnson al Partido Conservador, que por sí solo tiene más del 50% de los escaños, equivale a su salida de 10 Downing Street. Pero esto no ocurre en automático. Y Boris Johnson, un Primer Ministro que se ha negado a renunciar ante escándalos que hubiesen retirado a cualquiera, está buscando aprovechar esta oportunidad para perpetuarse lo más posible en su cargo.

Bajo el sistema parlamentario el líder del partido o coalición que aglutine a la mayoría de los miembros del parlamento se convierte en Primer Ministro. Sin embargo, para que ello ocurra es necesario primero que los Conservadores nombren un nuevo líder. Y dado que este proceso puede demorar semanas o meses, por ahora nada obliga a Boris Johnson a renunciar como Primer Ministro de Reino Unido.

Hay quienes piensan que Johnson está buscando aplicar una estrategia ‘trumpiana’ para mantenerse en el poder. Bajo esta lectura, el todavía Primer Ministro estaría comprando tiempo esperando o propiciando cambios que le permitan aferrarse al poder –por ejemplo, participando de nuevo en la contienda interna por el liderazgo de los Conservadores–.

Sin embargo, a pesar de la conocida obsesión por el poder de Johnson –de niño afirmó querer ser “rey del mundo”– y de su retador discurso de renuncia al liderazgo Conservador, ese escenario es poco probable.

Lo es porque nada garantiza que Johnson logrará salir a flote. Además, muchos Conservadores han afirmado que buscarán presionar a Johnson para que deje su lugar a un interino o renovar a su dirigencia en las próximas dos semanas.

La verdadera duda no es entonces si Boris Johnson dejará 10 Downing Street este año. La interrogante relevante es quién le sucederá en el cargo. A su vez, la respuesta a esta pregunta no pasa por un mero asunto de nombres –como podría suponerse tomando en cuenta lo que ocurre en el sistema de partidos mexicano-.

Si bien existe una decena de contendientes, los Conservadores tienen sobre la mesa dos opciones principales que definirán el rumbo de su partido durante los próximos años.

La primera consiste en elegir como líder a una persona que represente al populismo de derecha asociado con Johnson. Esto es, un individuo leal al actual Primer Ministro, dispuesto a seguir la línea nacionalista y de confrontación con la Unión Europea, listo para incrementar el gasto público incluso si esto implica subir impuestos y, sobre todo, capaz de apelar a los sentimientos de las zonas rurales más marginadas.

Desde luego, esto es lo que desean Boris Johnson y sus leales. El problema es que ello implicaría que los Conservadores no se desharían de la toxicidad asociada y el estilo de gobierno caótico asociados con Johnson.

En consecuencia, actualmente parece existir una mayoría de miembros de ese partido que considera que la estrategia del actual Primer Ministro dio lo que tenía que dar –Brexit y una victoria electoral impresionante en 2019– y que es momento de dar vuelta a la página.

La segunda opción que los Conservadores tienen sobre la mesa pasa por seleccionar como líder a un individuo que represente al conservadurismo clásico y que sea percibido como una ruptura con la figura e ideas de Johnson. Es decir, alguien que no sea leal al actual Primer Ministro y que defienda los principios del libre mercado, la reducción de impuestos para fomentar la inversión y un orden administrativo riguroso.

Aunque esta es la opción más probable en estos momentos, su implementación tampoco parece dejar bien parados a los Conservadores. Por principio de cuentas, elegir a una figura con estas características prácticamente echaría abajo la gran coalición que permitió a los Conservadores atraer a votantes de izquierda en 2019.

Además, todavía hay muchos británicos que recuerdan las terribles consecuencias producidas por la austeridad, privatizaciones y políticas económicas de Primeros Ministros como Margaret Thatcher.

Esta opción también podría terminar colocando en 10 Downing Street a un individuo millonario y asociado con las élites justo cuando el pueblo británico lucha contra la inflación y la pérdida de poder adquisitivo.

Considerando las dos opciones anteriores, no es sorpresa alguna que los Conservadores se encuentren confundidos y divididos. Tampoco sería sorpresivo si, tras años de dominio electoral y político, ese partido termine vapuleado en las elecciones generales de 2024. Ciertamente distintas encuestas señalan que esto sería lo que ocurriría de celebrarse hoy este certamen.

Boris Johnson arrasó en una elección prometiendo implementar Brexit y nivelar el nivel de vida de las zonas más pobres que el conservadurismo tradicional lesionó durante años. Lo primero ocurrió. Lo segundo, como Brexit mismo, estaba basado en promesas sin sustento o en mentiras puras y duras.

La mayoría de los Conservadores vieron la utilidad electoral que representaba subirse en ese barco. Así, pasaron por alto las falsedades, caos y claras fallas morales de su líder. Pasó lo que tenía que pasar. La toxicidad de Johnson corroyó todo. Fue cuando se dieron cuenta que alcanzó que quienes le aplaudieron y secundaron empezaron a huir despavoridos en masa.

El problema es que la corrosión de Johnson parece haber dejado a los Conservadores británicos sin un amplio margen de maniobra. Ya sea por haber apoyado a Johnson, por seguirlo haciendo o por prometer una vuelta a las políticas elitistas del pasado, el Partido Conservador terminará siendo justamente castigado por el electorado.

*Doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo)
Facebook: Antonio Salgado Borge
Twitter: @asalgadoborge

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